viernes, 13 de abril de 2018


Sindicalismo y RSE

Varias son las entidades sindicales que vienen desarrollando o practicando el tema de RS desde algún lugar de su institucionalidad y más allá de sus obligaciones estatutarias y objetivos institucionales.
A las limitaciones, deficiencias y vicios naturales en el ejercicio de la actividad sindical que condiciona la lucha del día a día, ante las injusticias, atropellos y todo tipo de egoístas violaciones que parte de algunos inescrupulosos empleadores, se limita la posibilidad de diálogo y crecimiento mutuo, impulsada desde los trabajadores.
Sin perjuicio  de capacitarnos y fomentar una indiscutida ocación sindical, debe tenerse la visión de crear comisiones de trabajo con los delegados gremiales, en especial de Investigación y Desarrollo Sindical, Ética y trabajos de exploración gestando la experiencia de intercambio con una tercera línea sindical que busca una autentica relación entre pares, que ayude a superarnos y contar con mas y mejores herramientas. No solo para defendernos de los abusos, sino además, para posicionarnos hasta conseguir ese lugar en una sociedad más justa, donde todos por igual seamos los receptores de los beneficios y adelantos que vemos en parte de la humanidad conseguir y en contra de una propaganda adversa, muchas veces cimentada por los propios malos ejemplos y conductas.
Dejar de ser espectadores pasivos de las decisiones de cúpulas para asumirse partícipes activos en las definiciones políticas de las cuales muchas veces, se les niega a sectores críticos o contrarios a la obsecuencia al grupo conductor, empresario o sindical.
Es practicar la lucha por la libertad y la realización de los de abajo, dada en el respeto como personas que como trabajadores nos merecemos, junto a la justicia social y la igualdad de posibilidades. Es la búsqueda de una sociedad superadora que deje atrás viejos dogmas que se identifican como una organización autoritaria, mezquina y en el mejor de los casos ordenada, a favor de los que mas tienen, que son los que de alguna manera ostentan el poder.
Y aunque no les guste a muchos empleadores, y también a muchos compañeros dirigentes, eso tiene que ver con ponernos a pensar y participar a la par. Procurando capacitarnos, aprendiendo a no dejarnos engañar e involucrarnos en lo que creemos y contribuimos a construir. Así, a grandes rasgos, deberíamos analizar la evolución del trabajo y nuestras posibilidades inmediatas de mostrar la raíz y las actividades que ellas motivan, para mejorar nuestra acción común sindicalizada, necesarias para ubicarnos, saber donde estamos, quienes y cuantos somos, a donde vamos y donde queremos ir.
Incursionando en lo que hasta ahora vienen manejando con exclusividad las cúpulas orgánicas de los sindicatos, muchas veces a través de compañeros que han logrado con su esfuerzo hoy ser profesionales universitarios, debemos asumir el desafío de explorar nuevos espacios  y analizar los asuntos internacionales y hechos que obligan a analizar el futuro próximo.
Así vemos que las principales centrales sindicales internacionales se han unificado, superando diferencias, proponiendo una acción común contra los abusos, invitando al resto de los sindicatos del mundo a seguir su ejemplo, con la suspicacia a superar si esa actitud esta  motivada por valores para mejorar las condiciones de vida y el reparto equitativo de la riqueza que generan los trabajadores o el interés de las burocracias empujadas por apetencias empresariales.
Esas mismas empresas que estrechan filas bajo falsos compromisos de “ciudadanía corporativa” contra el avance “asiático”, con culturas y procesos productivos diferentes pero más ventajosos. Gobiernos que promueven mediante el “trabajo decente”, aquellos principios comprometidos en OIT hace 60 años atrás. Las ONGs de consumidores y ambientalistas, dirigiendo casi en soledad sus denuncias públicas ocupando un significativo espacio de acción por el bien común, sin transparentar la fuente de sus recursos. Mientras nuestro sindicalismo, en un chato protagonismo, se distrae en un modelo sindical único, con ancestrales diferencias que solo han servido para disgregar, desinformar y contribuir a una política de explotación y sumisión, o en mezquinas disputas de encuadramiento sindical, donde se posterga la discusión política por la distribución de la riqueza que generamos y la dependencia intelectual a los gobiernos de turno.
 Suponer que se pueden modificar los egoísmos, las ambiciones desmedidas, la corrupción o la prepotencia de los hombres que lideran empresas u organizaciones, puede sonar utópico, aunque en el doble discurso se pregone la intención de emprenderlo.
Asumirse partícipe de una causa que pretenda alterar viejas estructuras, corre el riesgo de ser considerado por la gran mayoría como incrédulo, ingenuo o absurdo idealismo, en épocas donde el daltonismo ideológico hace ver que el materialismo práctico y los resultados personales pueden lograrse más allá del color con que se defienda o promulgue.
Y sin embargo, a pesar de nuestra limitada información, imposibilidad económica de participar directamente en importantes eventos internacionales que periódicamente se realizan, o la dificultad de no dominar otros idiomas, nos cuesta involucramos para el intercambiando de experiencias por cualquier via, incluyendo Internet y observar que ha comenzado a gestarse a nivel mundial, un nuevo período de transformaciones. Y en ese sentido asumimos que,  si  los más débiles no participan desde la gestación de los cambios, los poderosos no solo no tendrán en cuenta nuestras aspiraciones, sino que impondrán condiciones que continuarán produciendo tensión social, desigualdades y el lucro de los más fuertes o hábiles.
Trabajando de buena fe y desarrollando la temática de Responsabilidad Social, como un desafío de vida, tenemos una alternativa para construir entre todos, asumiendo el inicio de un proceso que dependerá del grado de participación, involucramiento y tolerancia de los que ostentan el poder real y quienes abandonando viejos resentimientos, se sumen.
Y ello deberá asumirse no solo desde el control mutuo, sino con el aporte de cada uno, en proporción a su capacidad de gerenciar acciones, promoviendo con el ejemplo, la renuncia a privilegios, sobre bases de respeto, inclusión  y recuperación de valores, individuales y colectivos, que sirvan a la transformación del ideario de una “sociedad ordenada” por el de una “Comunidad Equilibrada”.
La Responsabilidad Social no es una nueva exigencia para el empresario sino un instrumento vital para  poder cumplir con su responsabilidad creciendo y obteniendo frutos de su emprendimiento. El no realizarla lo dejara atrapado entre la culpa, la indiferencia o el castigo catalizador mortífero que no le permitirá crecer.

                                                                          Marzo de 2018 - Buenos Aires – Argentina 
Dr. Gerardo Juara –
Adalberto Tadeo Steinfeld –
Para XIII Global Labour University Conference
Centro de Estudios de Economía del trabajo y sindicatos (CESIT)
Instituto de Economía – Universidad de Campinas (UNICAMP)

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